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Fe en Dios y construcción de la
historia
(1)
Los cristianos
del siglo XXI tenemos unos grandes retos a los que debemos dar respuestas
desde nuestra fe en Cristo. Luis González –Carvajal analizaba algunos de
esos retos en su libro Los cristianos del siglo XXI
(2). Entre los
retos que él presenta y analiza están grandes problemas que afectan a toda
la humanidad como son: la globalización, el capitalismo global, las
grandes migraciones, la diversidad cultural, el diálogo interreligioso, el
reto de las nuevas tecnologías de alto riesgo, el reto de la increencia. A
los cuales añadiría, aunque relacionados con estos, la paz mundial, las
grandes desigualdades económicas con todo lo que ello acarrea, como el
hambre, la injusticia…., el ecologismo. Estos podrían ser macro problemas,
a los que habría que añadir todos los retos más pequeños que nos atañen en
nuestra cercanía: el paro, la droga, la violencia doméstica…
¿Cómo desde la fe en el Dios que nos revela Jesucristo
podemos generar una dinámica nueva que vaya construyendo una historia más
humana en la que los hombres puedan convivir de manera pacífica, en la que
el ser humano sea más generoso y solidario con sus hermanos, y podamos
caminar juntos hacia una sociedad más justa? Este es el gran reto que
tiene la humanidad, el gran reto que como creyentes tenemos.
Nos movemos entre la invitación utópica de Jesús a
construir el Reino de Dios y su justicia y la realidad que vemos a nuestro
alrededor. Es como dice González Faus que “hablar de fe en Dios y de
construcción de la historia se parece a aquello de que hablaba Jesús
cuando trataba de Dios: el reinado de Dios. Para todos los que se
apuntaron a esa tarea utópica de construir la historia -con Dios o sin él
-, semejante empeño no podía llevar más que el reinado de algún Absoluto:
el reino de la libertad, el reinado de la justicia o de la felicidad
plena, etc…” (3)
Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿fe en Quién? ¿Qué
Dios?, porque, no en vano, la experiencia de fe marcará una imagen y un
compromiso. Para el cristiano Dios se ha revelado, se nos ha manifestado,
de muchos modos y maneras (Heb 1,1), al final nos ha hablado por medio del
Hijo (Heb 1,2). En Cristo la revelación ha llegado a su plenitud
(4). En la
Sagrada Escritura encontramos una historia: la historia más bella de Dios
(5); una historia
de fe, el centro de la historia y el futuro de la historia.
1. “SAL DE TU TIERRA……. “: UNA HISTORIA
NUEVA
Muchos años
después que Abraham recibiera de Dios una llamada a iniciar una aventura
nueva marcada por unas promesas y una respuesta fiel a ellas, reflexionaba
el autor de la carta a los Hebreos sobre la figura de Abraham de esta
manera: La fe es el fundamento de lo que se
espera y la prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros
antepasados la aprobación de Dios. La fe es lo que nos hace comprender que
el mundo ha sido formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible
proviene de lo invisible.
(.....) Por la fe Abraham, obediente a la llamada
divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en posesión, y salió sin
saber a donde iba. Por la fe vivió como extranjero en la tierra que se le
había prometido, habitando en tiendas. Y lo mismo lo hicieron Isaac y
Jacob, herederos como el de las mismas promesas. Vivió así porque esperaba
una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”
(Heb 11, 1-2.8-10)
Surgen dos preguntas: si vamos a reflexionar sobre la
fe en Dios con relación a la construcción de la historia ¿qué tiene que
ver la figura de Abraham? ¿Tiene Abraham algo que decirnos a los creyentes
del siglo XXI? La respuesta a las dos es afirmativa; con respecto a la
primera: si queremos comprender lo que significa la fe cristiana en toda
su profundidad, tenemos que remontarnos hasta él; y con respecto a la
segunda la figura de Abraham trasciende el tiempo y se convierte en
arquetipo, en modelo de creyente: escuchó, obedeció, confió, se dejo
conducir por Dios siendo fiel a su palabra. Con Abraham comienza el
descubrimiento de la fe (6).
¿Qué nos dice el libro del Génesis sobre Abraham? Su
historia se nos narra en los capítulos del 12 al 25. La sección de Abraham
sigue a la historia de los orígenes del mundo y de la humanidad que
concluye con el episodio de la torre de Babel (Gn 11, 1-9). El proyecto de
los hombres de “hacerse famosos” había llevado a la dispersión de la
humanidad. La historia de la vocación de Abraham, que se llama Abrán hasta
el 17, 5 esta construida como contrapunto de ese final., ya que en 12, 1-9
el señor mismo promete Abraham “hacer famoso su nombre” y “bendecir por él
todos los linajes de la tierra". Comienza una historia nueva.
1.a. Vocación de Abraham (Gn 12, 1-9)
El Señor dijo a
Abrán: -Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre,
y vete a la tierra que yo te indicaré (Gn 12,1).
Estas son las palabras que el Señor dirige a Abrán
pero, ¿Dónde estaba? En el capítulo 11,31 dice: Teraj tomó a su hijo
Abrán, y a su nieto Lot y a su nuera Saray, mujer de Abrán y los sacó de
Ur de los caldeos para ir al país de Canaán : pero al llegar a Jarán se
quedaron allí. Abraham vivió hacia el año 2000 antes de nuestra era.
Nació en Ur, importante ciudad al sur de Babilonia, entre los ríos Tigris
y Eúfrates, cerca del golfo Pérsico. Salen de allí y se instalan en Jarán.
Ciudad importante en el noroeste de Mesopotamia
(7), cruce de
camino de caravanas. Se remonta al siglo XXIV A.C. Fue un destacado centro
religioso y ciudad santa del Dios lunar Sin.
La propuesta de Señor es “salir”, una salida que
implica ruptura, confianza, esperanza y una apertura al futuro que es
desconocido: ponerse en camino sin saber a donde va.
Pero a esa invitación le sigue una promesa y una
bendición: Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu
nombre, que será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y
maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán benditas todas las naciones de la
tierra. Partió Abrán, como le había dicho el Señor, y Lot marchó con él.
(Gn 12, 2-4). Confiando en la promesa divina se pone en marcha hacia una
tierra desconocida.
La importancia de Abraham no reside sólo en su fe, en
su confianza a la palabra del Señor, sino que hay que tener en cuenta -ya
que es importante- la promesa que Dios le hace. En efecto, Dios hizo una
promesa a Abraham, que representa un momento culminante en la historia de
la salvación. Aunque esta promesa se refiere directamente a la fecundidad
(los hijos) y a la posesión (de una tierra), tiene gran importancia para
nosotros los cristianos; de ahí la importancia de comprender exactamente
lo que significa la promesa hecha a Abraham y la actualidad de dicha
promesa.
Esta promesa tiene relación con la historia y afecta a
nuestra compresión de la historia e incluso a nuestra comprensión de Dios
en sí mismo.
(continuará)
NOTAS
1. El título esta tomado de
Cfr. GONZÁLEZ FAUS, JOSÉ I. Fe en Dios y construcción de la historia,
Trotta, Madrid 1998. (volver)
2. Cfr. GONZÁLEZ-CARVAJAL SANTABÁRBARA,
LUIS, Los cristianos del sigloXXI. Interrogantes y retos pastorales
ante el tercer milenio, Ed. Sal Terrae, Santander 2000.
(volver)
3. GONZALEZ FAUS, JOSE I. Fe en Dios y
construcción de la historia, pg. 11.
(volver)
4. CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA DEI VERBUM, nº 4.
(volver)
5. BOTTÉRO, JEAN- OUAKNIN, MARC-ALAIN –
MOINGT, JOSEPH, La historia más bella de Dios. ¿Quién es el Dios de la
Biblia?, Ed. Anagrama, Barcelona 1998.
(volver)
6. LAFONT, GUY, Abraham o el
descubrimiento de la fe, Ed. P.P.C. Madrid 2000.
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7. Mesopotamia significa “país entre ríos”.
Está situada entre los ríos Eúfrates y Tigris. Es el país de los Caldeos,
patria de Abraham. El nombre se aplica hoy al conjunto de Irak.
(volver)
Antonio Manuel Montosa
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