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El camino ético de los Patriarcas: de Abraham a José

La vida de los Patriarcas va a estar marcada fundamentalmente por dos elementos que serán de suma importancia en la construcción ética del protoisrael. Estos dos pilares son su existencia nómada uno, y el otro su experiencia de fe, o lo que es lo mismo, las promesas que Dios hizo a Abrahán y a su descendencia.

Las fuentes literarias para descubrir la heredad ética primitiva, seminómadica se encuentran en el libro del Génesis en los capítulos del 12 al 50. Ahí se narra la historia de los patriarcas, por eso se les llama la historia patriarcal. Se trata de la configuración del “Ethos” (1) en el primer periodo israelítico antes de la sedentarización definitiva y de los acontecimientos de Egipto y del éxodo.

El Ethos del que hablamos tiene su experiencia fundante, su formación y su transmisión en la gran familia patriarcal donde el padre es la figura preeminente para trasmitir la sabiduría de la vida que regula los comportamientos concretos. El contexto religioso será el lugar interpretativo de la experiencia moral. El contacto con los grupos sedentarios facilitarán elementos de confrontación que llevarán a marcar actitudes más allá de la convivencia del grupo.

1. La familia patriarcal: condiciones de vida y estructura. Su existencia nómada

La atención a las condiciones de vida, al modo como se estructuran, su convivencia, sus relaciones internas y externas con las cuales se configuran y se entiende su vivir, requieren una atención necesaria para comprender el sentido de las opciones de valor y la jerarquía de valores por ellos vividas.

La familia patriarcal es un grupo constituido por relaciones consanguíneas. Los deberes y las tareas son regulan por la protección de todos los miembros, entre los cuales domina el sentido de la solidaridad y el de la responsabilidad reciprocas. La centralidad de la figura del padre concierne en todos los aspectos de la vida. Él asume la propiedad de los bienes de la familia, los tutela y los administra para el sostenimiento y el interés de todos. Él dirime los problemas y decide sobre las cuestiones que conciernen a la vida de la comunidad; es, también, la autoridad que guía y garantiza la convivencia, custodia el Ethos e interpreta las prohibiciones y los preceptos que establecen los límites de los justo y lo lícito.

Esta estructura patriarcal hace que no existan grandes diferencias entre los miembros, aunque, si bien es verdad, también se da una cierta jerarquización interna que privilegia al primogénito como único heredero. Sin embargo, esto es nivelado por la sumisión por parte de todos al patriarca y por la necesidad que todos tiene de todos para su defensa.

La defensa de la integridad de la familia es uno de los valores más importantes dentro del ámbito patriarcal. Esta defensa llega incluso a la “venganza de sangre”. A este sentido de la solidaridad interna se le une otro elemento de gran importancia en el Ethos patriarcal: es el de la hospitalidad con el extranjero. Estos dos elementos constituyen y configuran dos leyes de vida fundamentales en el periodo patriarcal. Serán, también, en los sucesivos estadios, con sus interpretaciones y sus modificaciones dos elementos fundamentales que darán forma a todo el Ethos bíblico.

El “originario pueblo de Israel”, los patriarcas en su ir y venir como grupo nómada entrará en contacto con diversos grupos sedentarios y deberán entablar relaciones con ellos y, estas relaciones van a marcar, en alguna medida, la formación del ethos primigenio.

2. Las relaciones con los grupos sedentarios

El contacto de los grupos nómadas con aquellos ya asentados provocará situaciones de conflicto a las que se deberá dar siempre una solución. Las tradiciones patriarcales presentan a estos grupos como gente pacífica y conciliadora que pretenden solucionar los conflictos mediante acuerdos, aun en cuestiones en los que les va la vida como puede ser la propiedad, o el uso del las fuentes de agua.

Aunque si leemos las tradiciones de los patriarcas no faltan episodios de luchas y de guerras. Sin embargo, y a pesar de todo no tienen una actitud beligerante sino que en el conjunto de la familia patriarcal siempre se presentan con disposición pacífica y de relaciones abiertas y de diálogo con la población sedentaria. Este elemento, apertura y la disposición pacifica y conciliadora es de un gran relieve ético. Unido al sentido de la hospitalidad proporciona un sentido de apertura y diálogo que lleva al reconocimiento de la diversidad cultural.

Al principio notábamos que la familia patriarcal estaba marcada por dos elementos importantes en su Ethos: su nomadismo y el otro su experiencia de fe marcada fundamentalmente por la promesa de Dios.

3. La experiencia religiosa

La religión de los grupos nómadas va a estar marcada por dos elementos importantes. El primero es por la unión-asimilación de la religión que comprende el culto al dios del padre (unido prevalentemente a la estirpe), con la religión que comprende el culto de “EL” dios de los sedentarios.

Abrahán vive en Ur, junto a un pueblo ya asentado cuyo mundo religiosos era un mundo politeísta. En medio de esa estructura religiosa la experiencia religiosa de Abrahán rompe con el entorno, será una experiencia única y misteriosa. Dios se manifiesta como Uno y le invita a salir de su tierra haciéndole una promesa. La relación de Dios con Abrahán será una relación personal, en diálogo constante con él, en una relación de entrega confiada. Esta relación con Dios vivida como relación personal será un elemento determinante para la estructura religiosa de la familia pratriacal o protoisraelítica. A esto va unido el elemento de reciprocidad entre la divinidad y el hombre manifestada por el acercamiento de la divinidad que se revela al hombre y la decisión y elección del hombre; por la promesa y el compromiso de la divinidad y el culto por parte del hombre. Esto será de gran importancia en la estructura religiosa de Israel: Dios no es un Dios al margen de la historia y de la cotidianidad del hombre. Dios y el hombre hacen una historia juntos.

La promesa y el compromiso de Dios serán muy significativos para los patriarcas porque experimentarán que Dios los acompaña y los guía. La promesa de Dios no está unida a un lugar concreto sino a la vivencia del grupo. Esta comprensión de Dios se manifestará, también, en la bendición de Dios que garantiza y promueve la vida.

La fórmula Ser-con-Dios subraya el carácter personal de la fe patriarcal. Dios camina con ellos. Esto expresa una imagen de Dios y una imagen del hombre. El hombre como ser en camino, pero, no solo, sino acompañado por Dios que camina con él, que hace camino con él. Por tanto, la historia es comprendida “ser en camino”. La fe es la conciencia de “Ser-en-camino-con”. El significado de Ser-con-el Señor contribuye a iluminar de una manera determinante el periodo patriarcal en la medida que esto provoca una intencionalidad y un dinamismo a todo el Ethos bíblico.

(continuará)

 


NOTAS

1. La palabra Ethos es una palabra griega que tiene dos significados. El primero y más antiguo denota residencia, morada lugar donde se habita. Gradualmente se pasa de la comprensión de un lugar exterior (país o casa) al lugar interior (actitud). Así en la tradición aristotélica llega a significar modo de ser y carácter pero no en el sentido pasivo de temperamento como estructura psicológica sino en un modo de ser que se va adquiriendo e incorporando a la propia existencia. El segundo significado de la palabra Ethos es hábito o costumbre. Por tanto, entendemos por Ethos los elementos que van a configurar el camino ético, el proyecto ético de los patriarcas, a nivel individual, como  a nivel colectivo; y también el conjunto de valores que van a configurar las actitudes, los modos de ser y existir que van a marcar sus relaciones internas y externas.  (volver)

Antonio Manuel Montosa

   

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