Sociedad, cultura y religión. Cultivar la fe y la vida a la intemperie.

AMOR Y PEDAGOGÍA
 
Planteamiento y antecedentes históricos
La fragmentación del saber
Antecedentes particulares de la obra
Comentarios a algunos temas particulares
Conclusiones

 

Amor y pedagogía...
o cuando la dialéctica se hace estéril, y se obstaculiza la verdad, se traba la libertad y se niega la vida

Ambientación de la novela de
D. Miguel de Unamuno

PLANTEAMIENTO

Augusto Comte (1798-1857), como más claro exponente del positivismo, va a proclamar su famosa ley de los tres estadios: mítico-teológico, metafísico, positivo (1).

En el estado teológico el ser humano entiende que los fenómenos naturales dependen de los poderes sobrenaturales. En lo más primitivo de esta etapa el hombre fetichista cree que los poderes naturales están en las cosas; después dominará el politeísmo donde supuestos dioses imperarán en amplias zonas de la realidad; finalmente el monoteísmo se hará dueño con un fuerte potencial imaginativo.

En el estadio metafísico los fenómenos naturales se explican por entidades abstractas, denominadas esencias, naturalezas intrínsecas, formas o almas, fines últimos. Son imaginaciones pero aciertan en ser un intento de explicación racional.

Por último, llegará el estado positivo. Es el triunfo de la razón que explica los fenómenos naturales a partir de la experiencia sensible. Se formulan leyes científicas con las que organizar y dominar los hechos y las cosas. Estamos en el estado perfecto donde la realidad suplanta a la imaginación. Es la edad adulta de la humanidad.

Este planteamiento comtiano podemos presentarlo como la culminación de un proceso iniciado en el Renacimiento, que supone la fragmentación del conocimiento. Pero, sobre todo, manifiesta una beligerancia infructuosa entre los distintos métodos de búsqueda de la verdad. Comte lo presentará principalmente como un poderoso instrumento para aniquilar la religión. Estas tendencias están en pleno auge en el siglo XIX iluminando los propósitos de sabios e intelectuales. Sin embargo, la propia teoría de Comte lleva ya implícito el germen mismo de su falsedad: en principio su análisis es exclusivamente filosófico y no científico y, en segundo término, ninguno de los estados posteriores ha suprimido al anterior. Comte tendrá que luchar contra la religión, que no desapareció con los sucesivos estados y llegará, al final de sus días, a idear la religión de la humanidad, con su dios, sus sacramentos, sus sacerdotes (2).

Pero la intención de este estudio no es exponer o someter a crítica el pensamiento positivista o cientista de Comte; más bien su fin es desvelar que el pensamiento expuesto no es circunstancial ni esporádico, que viene a responder a toda una tendencia de exclusivismo metodológico y objetivo en el estudio de la realidad. Esto nos situará de manera clara en los antecedentes literarios de la obra de Unamuno sobre la que versan estos comentarios.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS REMOTOS

A partir de los datos que poseemos, podemos establecer la hipótesis de que los primitivos humanos, desde muy antiguo y mediante la observación, consiguieron grandes avances en sus formas de vida. La curiosidad humana no tiene fronteras. El conocimiento se nos presenta en su unicidad, mezclando métodos y objetos, pues la única meta es interpretar la realidad en su totalidad. En el Paleolítico ya se intercalan creencias y observaciones, técnicas y ritos. Pero cuando los datos son abrumadoramente mayores, observamos que se van produciendo unos saltos cualitativos que traspasan los tiempos de la antigua Edad de piedra hasta el Neolítico. El hombre ha visto, ha experimentado y ha aprendido a cultivar los campos; también aplica las primeras técnicas de modificación de la conducta animal y aprende a domesticar al ganado. A finales del Neolítico (año 5000 a C.) podemos asistir al nacimiento de la astrología. Convive pues en estos largos y remotos tiempos todo el conocimiento, sin menoscabo, sin desprecios, sin reduccionismos o limitaciones. El mismo hombre que investiga es quien tiene creencias animistas o totémicas o en seres superiores, el que organiza la vida en sociedad en torno a lo religioso, el que entierra a sus difuntos con ceremonias rituales o el que construye los grandes monumentos megalíticos; está el pintor de las cavernas, están los primeros escultores. El hombre ha emprendido la gran aventura de su historia: saber y saberlo todo.

Y esta hazaña se proyecta desde los albores de la historia a las grandes civilizaciones de la antigüedad: Egipto, Asiría, Babilonia, Persia. La escritura origina ahora grandes posibilidades, impensables con anterioridad. Es cierto que la religión representa un papel crucial, pero no es menos cierto que el nacimiento de los estados, de los ejércitos, de las leyes, de la arquitectura, de la literatura... está expresando el afán humano por interpretar y acomodar la realidad. Cada uno utiliza sus métodos con mayor o menor alcance, pero todos tienden a la vez a un único fin. La imaginación es el motor de la vida, pero ésta no puede confundirse con la ilusión patológica. Los mitos, las leyes y las primeras concepciones filosóficas son muestra de la inquietud humana por penetrar la realidad, por descubrir los secretos, las causas y los modos de plasmarse y presentarse. La gran ventaja de estos escasos conocimientos es su unidad invertebrada; es constituir una cosmovisión dadora de sentido (3).

De todo lo dicho hasta ahora no sería adecuado deducir que ningún cambio de cualidad se haya producido. Más correcto sería interpretar que la vida humana ha utilizado a la par todos los medios a su alcance para adentrarse en las causas de las cosas, manipularlas, dominarlas y aprovecharlas. En cada método se han producido avances significativos e incluso revolucionarios, que no obstaculizan la teoría expuesta, sino que la confirman.

Uno de esos importantes avatares va a desarrollarse en el mundo griego; el método del mito como explicación de las causas va a ir reduciéndose a favor de los grandes avances del λογος (explicación racional). El mito seguirá existiendo, incluso embelleciéndose literariamente. Pero la constante observación de las cosas, de la naturaleza y del cosmos, irá favoreciendo la sistematización de los conocimientos adquiridos por la razón, que buscará sus últimas causas. El mito permanecerá en la sabiduría popular; el pensamiento racional será propio de los más doctos. Estos avances en los descubrimientos de la razón se aplicarán también al mundo de la religión que paulatinamente se desprenderá de las fantasías míticas y acomodará sus creencias a los datos y razonamientos del entendimiento humano. La filosofía no destruye a la religión, sino que la purifica, la limpia de sus impurezas mágicas o vacuas supersticiones en beneficio de unas convicciones sensatas y comprometidas. No obstante, para continuar objetando a Comte, los primeros pensadores griegos fueron más físicos que metafísicos, más científicos que filósofos.

Más tarde, los grandes intelectuales griegos Platón y Aristóteles serán los iniciadores de la filosofía de las causas últimas y de las esencias subyacentes. Es Aristóteles también el pionero de una auténtica teoría sobre el conocimiento. Y su idea de que nuestro entendimiento es «tamquam tabula rasa» estará presente en las pretensiones del personaje unamuniano D. Avito.

Pero un dato más que apoya nuestro criterio de que la unidad del conocimiento sigue presente en esta época lo encontramos en los dos grandes filósofos del Lejano Oriente: Buda y Confucio (Siglo VI a. C.). Éstos son fundadores no sólo de grandes sistemas de análisis racional de la realidad, sino de grandes cosmovisiones religiosas, y ambos compendios caminarán unidos, constituyendo una ideología global sobre la vida.

De todo lo anterior se puede concluir que en la antigüedad el conocimiento se desenvuelve en paralelo, interrelacionándose, comunicando sus avances o retrocesos y presentando grandes proyectos sobre la humanidad, la naturaleza y la sociedad; cierto es que unos se desarrollan mientras otros decrecen o aminoran sus efectos, pero unos y otros se prestan entre sí ayuda mutua para su perfeccionamiento.

 

 


NOTAS

1. En 1830 Comte pública su obra Curso de filosofía positiva que no fue bien acogida y supuso un fracaso en su carrera profesional. (volver)

2. Obras de este período son Tratado de sociología que instituye la religión de la humanidad (1851-1854) y Catecismo positivista (1852). (volver)

3. Puede verse entre otras obras la Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado de Antonio Truyol en Alianza Universidad. (volver)

Andrés Francisco Peña

   

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