Sociedad, cultura y religión. Cultivar la fe y la vida a la intemperie.

EL TALMUD COMO FUENTE DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO JUDÍO
 
Concepto de filosofía judía
Fuentes del pensamiento judío
Revelación y transmisión de la Ley
La transcripción de la ley oral: el Talmud
La interpretación del Talmud
El Talmud y la filosofía: el método dialógico
Conclusión
Bibliografía

 

5.- LA INTERPRETACIÓN DEL TALMUD

Una vez presentado el Talmud en su origen, su estructura y sus diferentes comentarios, aflora la cuestión de cómo abordarlo, de cómo debe interpretarse su texto y cuál es su importancia. En este ámbito de la interpretación se suelen distinguir varios enfoques, de los que sobresalen uno, denominado histórico, y otro que podría considerarse como existencial (1).

a) Enfoque histórico: el pasado pertenece a la Historia y sólo se hace inteligible por la mediación entendida y crítica del historiador. El pasado es un enigma casi mítico, que hay que descifrar. Pero el historiador mantiene las distancias: el pasado sigue siendo pasado. El método histórico consiste en objetivar la tradición y eliminar metodológicamente cualquier influencia. Todo texto tiene un destinatario, distinto al propio analista-historiador; ese destinatario será cualquier lector, salvo el historiador. Hay que trasladarse al espíritu de la época para lograr la objetividad histórica, a la vez que debe alcanzarse una distancia temporal del acontecimiento.

b) Enfoque existencial: Esta perspectiva se basa en la idea de que cada época debe comprender a su manera el texto transmitido. El verdadero sentido de un texto no depende de los factores ocasionales que representan el autor y su primer público. La comprensión de un texto es actitud productiva, no solamente reproductora. El interprete se implica personalmente en el acontecimiento de la producción. Su comprender es participar en lo dicho; es interpretar. No se comprende el texto, sino el lector es quien se comprende.

De esta división se deduce ya implícita una crítica al enfoque meramente histórico de los textos. El historiador-interprete se equivoca si cree que se está excluyendo cualquier participación subjetiva en la comprensión. No se pueden evitar los propios conceptos en la interpretación. Como decía Gadamer, interpretar consiste, justamente, en poner en juego los propios conceptos.

El rabino Ouaknin propone que la manera adecuada de comentar e interpretar el Talmud se resume en el término “apertura”. Significa este concepto que el texto no es abordado en su linealidad, sino en su espacialidad, en su volumen. Es el estallido de un espacio literario. “Todos los elementos del texto van a estar sujetos a ese estallido o apertura: las letras, las palabras, las frases, los libros,... Apertura hasta el borrado de las letras, las palabras, las frases y los libros...” (2).

Pero la existencia de niveles de significación y reglas de interpretación vuelven caduca la posibilidad de apropiarse del texto. Las interpretaciones nunca hacen mella en el texto. Ahí está la riqueza del texto, que le viene de la materialidad del signo, del que el espíritu es capaz de despertar nuevas sugestiones. El texto se hace presente, pero inmediatamente se retira, se sustrae. Pero el texto se sustrae, si se le deja sustraerse. En este sentido, Ouaknin recurre al concepto de “caricia”, construido por Enmanuel Lévinas. “La caricia -dice- es un modo de ser del sujeto, en el que el sujeto en su relación con el Texto va más allá de esa relación (3). “Consiste -citando a Lévinas- en no apropiarse de nada, en solicitar lo que huye innecesariamente de su forma hacia un porvenir -nunca lo bastante por venir-, en solicitar lo que se sustrae como si todavía no fuese (4). Concluye Ouaknin de manera terminante: la caricia es búsqueda sin orientación ni dirección. Esa búsqueda permite hacer una experiencia, que se renueva en cada intento, que de partida desconoce su objeto y su fin. El Texto será, pues, inasequible, inexpugnable y no podrá tomar la forma de un ídolo.

Para evitar la ilusión de la posesión de sentido (la llamada trampa de la idolatría textual) la tradición hebrea introdujo con el acrónimo “PARDÉS”, la noción de niveles de significación. Hay cuatro niveles de lectura: Peshat (literal), Rémez (alusivo), Derasch (sentido solicitado) y Sod (secreto) (5). No hay una definición ni método de pardés, sino más bien un conjunto de tanteos sin limitación y excesivamente empíricos y casuísticos.

La hermenéutica talmúdica es un conjunto de principios y reglas que los maestros del Talmud han ido estableciendo para interpretar la Ley escrita. Las más conocidas y más importantes de estas reglas fueron enunciadas por los maestros siguientes: Hillel, Nahum, Rabbi Aqibá, Rabbí Ishmael y Rabbí Eliézer ben Rabbí Yossi el Galileo.

 

 


NOTAS

1. En esta división de perspectivas sigo, de manera especial, el trabajo de OUAKNIN, M.A. en su obra El libro Quemado. Filosofía del Talmud, publicado en 1999. (volver)

2. OUAKNIN, M.A. op. cit. Pág 97. (volver)

3. OUAKNIN, M.A. op. cit. Pág 99. (volver)

4. LÉVINAS, E. Totalidad e Infinito. Ed. Sígueme. Salamanca 1977. Pág 235. (volver)

5. Con las consonantes iniciales de estos cuatro vocablos hebreos se forma el acrónimo PARDÉS, que a su vez significa "vergel" o "paraíso". (volver)

Andrés Francisco Peña

   

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