Sociedad, cultura y religión. Cultivar la fe y la vida a la intemperie.
 

SITIOS RELACIONADOS

Una sociedad plural, una escuela plural. Desenmascaramiento del laicismo
La Enseñanza de la Religión en el proyecto de Ley de Educación: una regulación insuficiente
El pacto educativo está en la Constitución
Los padres son los sujetos del derecho a la educación. El papel subsidiario del estado
Reducción actual de las finalidades y valores educativos
La doctrina de la Iglesia sobre la educación


 

 

Los diversos itinerarios: una aplicación de la igualdad de oportunidades en la enseñanza obligatoria

Uno de los grandes avances de las sociedades contemporáneas ha sido, sin duda, la universalización de la educación, acudiendo al método de la obligatoriedad y la gratuidad. De esta manera, acertadamente, se ha buscado extender una enseñanza mínima y básica a todos los ciudadanos. También se ha atinado, en mi opinión, al ampliar el periodo de obligatoriedad de la enseñanza hasta el inicio de la edad laboral. Pero esta medida, si no va acompañada de recursos diversificados, puede suponer una grave rémora para la formación de las personas, y terminar en una palmaria injusticia. Con la escolarización forzosa se han evidenciado profundas deficiencias y una rebaja significativa de la calidad de la enseñanza. Ya la generalización ha supuesto una disminución de los objetivos, programas y contenidos, además de los inconvenientes originados por el afán de introducir multitud de contenidos fragmentarios y transversales, como consecuencia de la desmedida asunción de funciones educativas por parte de las instituciones, que en verdad deberían corresponder a las familias.

El problema se circunscribe principalmente a los cursos intermedios de la ESO. En esos dos cursos comienzan a surgir los problemas a causa de la motivación y la capacitación. Podríamos sistematizar las siguientes tipologías de alumnos: «los que quieren y pueden», «los que quieren y no pueden», «los que no quieren porque no pueden» y «los que no quieren y pueden». No cabe duda que el régimen ordinario de las enseñanzas está establecido para aquellos que «quieren y pueden». Como ya se ha dicho los inconvenientes de este ordenamiento común vienen determinados por la reducción de objetivos y contenidos y por la tendencia a su fragmentación, además de todo cuanto ya hemos indicado más arriba. La LOGSE también tuvo en cuenta a los que alumnos que «quieren y no pueden». Para su integración ideó la diversificación curricular -aunque solamente para el 4º curso- con el fin de acomodar los contenidos a sus capacidades intelectuales para desarrollar al máximo sus potencias, promover sus habilidades y ejercitar sus acreditadas actitudes de esfuerzo, interés y trabajo. Asimismo, para atender a los alumnos más limitados habilitó los programas de adaptación curricular, tanto significativa como no significativa; además, con estas adaptaciones se intentaba solventar el problema de la desmotivación provocada por la acumulación de un retraso escolar insalvable. Pero son precisamente los alumnos que «pueden y no quieren» los que han sido abandonados sin remisión por el sistema educativo actual y el previsto por el Proyecto de la LOE. Sin embargo, la LOCE sí se fijaba en este tipo de alumnos –abundantes sobre todo en 3º de ESO- y les ofrecía una serie de itinerarios que podrían servirles para encauzar su desmotivación, con la virtud de que esos caminos se apoyaban en una confianza hacia las personas y a sus posibilidades de cambio, ya que entre ellos existía intercomunicación. Así, un alumno desmotivado en 3º de ESO se les ofrecía la posibilidad de una Iniciación Profesional que conducía igualmente a la obtención del titulo de Graduado en Secundaria. Si con posterioridad ese alumno, cambiaba de actitud y quería proseguir estudios podía hacerlo sin ninguna discriminación. En la actualidad al alumno rebelde o desmotivado en 2º o 3º de ESO la única posibilidad que se le ofrece es repetir curso y si, como habitualmente ocurre, sigue sin aprobar, pasa automáticamente al curso siguiente, resultándole ya imposible superar los cursos pendientes más el vigente. Al final abandonará el sistema educativo totalmente desahuciado. Los itinerarios de la LOCE pretendían ser una solución a un problema ampliamente detestado en alumnos de 14 y 15 años. No se han podido experimentar estas medidas y desconocemos, en consecuencia, su efectividad, pero creo que el sistema merecía una oportunidad, sobre todo para esos alumnos que en las convulsiones de su edad se desorientan, se desmotivan y abandonan sus deberes escolares.

Creo que es un deber de justicia y una respuesta oportuna ante un problema detectado defender una diversidad de itinerarios amplia a partir de los 15 años para dar cabida a todas los tipos posibles de alumnado, evitando dar igual tratamiento a lo que es desigual, porque ahí radica una variedad de la injusticia. La injusticia y la discriminación se dan cuando muchos alumnos, por una actitud negativa pero transitoria para el estudio, tienen que abandonar el sistema educativo sin posibilidades de recuperación y sin que ese sistema les haya ofrecido todas las oportunidades. No es discriminar ofrecer salidas a las distintas situaciones y, mucho menos, si los distintos itinerarios son reversibles. De este modo, también, se facilita a los alumnos que puedan cambiar de actitud y recuperarse, sin tener que cargar, prácticamente para siempre, con las consecuencias negativas de una desorientada adolescencia.

Andrés Francisco Peña

Portada | Fe | Biblia | Domingo | Pasión | Camino | Cultura | Libros | Enlaces | Correo
EL ESCOLIASTA 2005