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27 de enero

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del profeta Isaías (Is 9, 1-4)

En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro los quebrantaste como el día de Madián.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 26)

R.- El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por todos los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios (1Co 1, 10-13. 17)

Hermanos:

Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir. Hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, diciendo: “Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo.” ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (Mt 4, 12-23)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.”

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

-Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

-Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

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La llamada de Jesús

En la segunda lectura de este domingo, Pablo escribe a la comunidad cristiana de Corinto con una grave preocupación: están divididos. El signo de la división es que unos dicen que son de Apolo, otros de Pablo, otros de Pedro, otros de Cristo. Las divisiones entre cristianos no son, por desgracia, sólo un recuerdo del pasado, siguen dolorosamente presentes en la experiencia de la Iglesia. Hay entre los cristianos grandes y sangrantes divisiones entre católicos, ortodoxos, protestantes... y hay también pequeñas divisiones a causa de opiniones particulares o de personas, y unos nos decantamos por un sacerdote y no por otro, o por un catequista o por cualquier otra persona, con lo que terminamos divididos.

Ante toda división, Pablo sigue poniéndonos delante una pregunta crucial: ¿Está dividido Cristo? Si somos cristianos significa que todos seguimos a Cristo, y si Cristo es uno no es posible que estemos divididos manteniendo nuestra fe el él. La unidad de la Iglesia tiene su piedra de toque en la unidad y unicidad de Cristo.

Para vencer a la división sería necesario que reviviéramos en nosotros la experiencia de los apóstoles que nos cuenta hoy el Evangelio: Se encuentran con la llamada de Jesús y la siguen. Es una llamada a la que se obedece incondicionalmente. Los apóstoles lo siguen inmediatamente, porque esa llamada no admite dilaciones, y lo siguen dejando todo lo que tienen entre manos, porque esa llamada no admite excusas.

Si nosotros hemos sido llamados por Jesús y queremos responder adecuadamente a esa llamada no dejaremos lugar a ninguna dilación ni excusa. Si Jesús nos llama nos pondremos a seguirlo dejando de lado todo motivo de división. Estando unidos a Cristo podremos estar unidos entre nosotros, porque la unidad cristiana no proviene de la negociación ni del pacto que busca una situación aceptable entre diferentes, sino de Cristo que nos une a todos en un mismo ser y un mismo obrar.

En el fondo, el poder que unifica a la Iglesia proviene de la llamada de Cristo, que reúne en torno a sí a sus seguidores. Por tanto, tengámoslo presente, a la pregunta sobre si Cristo está dividido todos sabemos responder que no. Pero, si nos preguntan si realmente escuchamos y seguimos la llamada de Cristo, no la de nuestras expectativas o deseos, ¿qué responderemos?

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