Dónde se escribió
La comunidad de Roma y la construcción del Evangelio
Estructura del Evangelio
Comentario de algunos textos
Bibliografía

 

 

 

 

 

Comentario de algunos textos

La estancia en Cafarnaum
La maldición de la higuera
Los viñadores homicidas
Los preludios de la pasión
El joven de la sábana
La muerte y resurrección de Jesús


La estancia en Cafarnaum (Mc 1,29-39)

Este texto está situado al principio del Evangelio y es un resumen de toda la actividad de Jesús. En primer lugar vemos como Marcos lo encaja en el conjunto del Evangelio. La unión con lo anterior es bastante sutil, se limita al uso del verbo en plural (llegaron) que alude indirectamente a la escena anterior (llamada a los colaboradores). Jesús no está solo en su ministerio. Por otra parte el final alude a una continuación de lo relatado (y se fue a predicar en sus sinagogas por toda Galilea, expulsando los demonios). La obra de Jesús en Cafarnaum (predicar y expulsar demonios) se debe considerar como algo que se repite a lo largo de su ministerio.

Podemos ahora prestar atención a los lugares donde se va situando Jesús: la sinagoga, la casa de Simón y Andrés, la puerta y un lugar solitario. Las menciones no son aleatorias sino que abarcan todas las combinaciones posibles entre lugares religiosos y profanos, públicos y privados. Podemos verlo en un cuadro:

Religioso-profano

Público-privado

Sinagoga

Religioso

Público

Casa

Profano

Privado

Puerta

Profano

Público

Lugar solitario

Religioso

Privado

La presencia de Jesús recorre todos los ámbitos de la vida humana. Como sabemos, esta es una de las líneas de fuerza del Evangelio, Jesús no se deja encerrar por nada ni por nadie. Aquí vemos esta idea resumida con unas ligeras pinceladas.

También podemos fijarnos en lo que se dice de la enseñanza de Jesús (una doctrina nueva llena de autoridad). Podemos preguntarnos ¿cuál es el contenido de esa doctrina? pero para responder a esa pregunta no tenemos respuesta aquí, en cualquier caso tendríamos que volver atrás, a Mc 1,15, para tener un resumen de lo que Jesús predica. Pero en el texto las palabras de Jesús son simplemente “¡cállate y sal de ese hombre!”. Si nos ceñimos al texto la enseñanza de Jesús consistiría en echar espíritus inmundos. La clave es que la enseñanza de Jesús no es una teoría, sino una acción. La autoridad de lo que Jesús enseña se manifiesta, no en su coherencia lógica o en su justificación racional, sino en su capacidad de transformar y mejorar la vida de los hombres.

Tenemos por tanto, recapitulando, un resumen de dos ideas clave del Evangelio: No podemos limitar la presencia de Jesús a algunos sectores de nuestra vida, sino que el debe tiene una palabra y un lugar en todo lo que hacemos y no podemos recibir su enseñanza como pura teoría, sino que su verdad se manifiesta cuando es efectiva en nuestra vida.

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La maldición de la higuera (Mc 11,12-26)

Como sabemos este episodio tiene estructura de inclusión, veamos sus partes. En primer lugar (v. 12-14) Jesús sale de Betania, busca higos en la higuera, que no tiene (porque no es tiempo de higos), y la maldice, una anotación final nos avisa que los discípulos lo oyen. En la segunda parte (v. 15-19) Jesús llega al Templo, expulsa a los vendedores, da una enseñanza sobre lo que debe ser el templo y se nos avisa que los sumos sacerdotes y letrados lo oyen y reaccionan con rechazo y temor, finalmente Jesús se va. En la tercera parte (v. 20-26) Pedro descubre la higuera seca y Jesús da una enseñanza sobre la oración.

A partir de aquí podemos pensar que la maldición de la higuera sirve para mostrar el poder de la oración (es lo que quedaría si suprimimos el episodio del Templo) por contraste con el templo donde ya no hay oración y, por tanto, no hay poder. El problema de esta explicación es que no da cuenta de dos datos importantes del texto: el primero es que se trata, a pesar de todo, de un milagro caprichoso (no era tiempo de higos), el segundo es que Jesús, de hecho, no ora (no se dirige al Padre) cuando maldice la higuera, con lo que se rompe la relación entre la maldición de Jesús y la enseñanza sobre la oración.


UNA FÁBULA ASIRIA

“Hijo mío, tú eras para mí como una palmera que se alzaba a la orilla del camino, pero de la que no se cosechaba fruto alguno. Un día vino su amo y quería arrancarla. Mas he ahí que la palmera habló: Déjame, por favor, un año más y te produciré azafrán. Su propietario respondió: ¡Pobre infeliz! Si no has dado ni siquiera tu propio fruto, ¿cómo podrías dar un fruto extraño?

Ahikar, consejero de Senaquerib de Asiria (704-681 a.C.)

El primer problema al que nos enfrentamos es el hecho de que no era tiempo de higos. El árbol, de por sí, representa la estabilidad e inmutabilidad, tiene sus tiempos fijos, no se mueve. Si esto lo tomamos a nivel simbólico vendría a representar la imposibilidad de cambiar al hombre, que sería como un árbol (es el mensaje de la fábula asiria del recuadro, que debía ser bastante conocida en Israel en tiempos de Jesús). Esta es una idea bastante pesimista sobre la humanidad: somos como árboles y no podemos dejar de hacer lo que hacemos. Sobre ese trasfondo la actitud de Jesús empieza a cobrar sentido: el árbol puede cambiar el tiempo de dar fruto si Jesús lo quiere, por tanto también nosotros podemos cambiar si Jesús nos lo pide. El determinante último de lo que podemos hacer no es una supuesta naturaleza inmutable, sino la voluntad de Jesús.


LOS HIGOS EN EL TALMUD

“¿En qué se parecen a los higos las palabras de la Ley? Cada vez que un hombre va a coger higos, siempre los encuentra. Lo mismo sucede con las palabras de la Ley. Por muy a menudo que un hombre las solicite siempre encuentra sentido, saber y buen gusto.”

Talmud de Babilonia, Erubim 54b

Por otra parte podríamos preguntarnos cuándo es tiempo de higos. Respecto a eso la botánica nos dice que en este caso se podría tratar de higos precoces, que maduran en Jerusalén en el mes de junio, o higos tardíós que permanecen en el árbol tras la caída de la hoja. En ambos casos es improbable encontrar higos en marzo, que es cuando se sitúa esta escena. Es evidente que no era tiempo de higos. Pero ni Jesús ni Marcos eran estudiosos de botánica, sino judíos y podríamos preguntarnos ¿cuándo es tiempo de higos para un judío? En el recuadro encontramos un texto del Talmud donde podemos comprobar que, desde la perspectiva del saber popular judío, la higuera se caracteriza por dar siempre frutos, y esto se relaciona con el saber de la ley. Con esto tenemos una nueva perspectiva para comprender la escena: Siempre es tiempo de dar fruto, pero el templo, como la higuera, no da fruto, ya no funciona según la Ley de Dios.

A partir de esta visión del texto podemos situar mejor la enseñanza sobre la oración, que no estaría referida a una supuesta oración de Jesús al maldecir a la higuera, sino al Templo, donde en vez de casa de oración hay una cueva de ladrones y a la higuera que, al no dar fruto, es símbolo del templo cerrado a la voluntad de Dios.

Tendríamos, en suma, una enseñanza sobre la oración, que es el medio necesario para dar fruto en todo tiempo cumpliendo la voluntad de Dios.

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Los viñadores homicidas (Mc 12,1-12)

El esta parábola el primer personaje que se nos presenta es el hombre que planta una viña, construye en ella, la arrienda y se va de viaje. A través de estas acciones queda caracterizado como agricultor, constructor, dueño y lejano, fuera del espacio de la viña. Si nos vamos al final de la parábola vemos como algunos de estos rasgos se mantienen: la propiedad, porque arrienda de nuevo la viña y el ser constructor que elige la piedra angular. ¿Qué ha cambiado entre las dos situaciones?

Los personajes que aparecen en segundo lugar son los labradores, particularmente en relación con los criados del dueño. Deberían ser los que producen fruto en la viña, pero lo único que hacen manifiestamente en el relato es no pagar y entrar en una dinámica de rechazo y muerte de los criados que el dueño manda. La viña, más que lugar de producción de frutos, aparece como lugar donde se rechaza a los enviados del dueño.

Finalmente tenemos un tercer personaje, el hijo. A través de este personaje se desvela lo oculto del dueño (es padre) y de los labradores (quieren apropiarse de la viña). Es interesante que, mientras que el dueño lo que quiere para su hijo es respeto (no un valor económico, sino de reconocimiento) los labradores sólo ven en él un obstáculo para apropiarse de la viña (valor económico).

Hasta aquí el juego interno de la parábola, pero ¿cuál es su significado? El mismo Marcos nos da la respuesta: “veían que la parábola iba por ellos”. Todo el relato quiere ser una representación y explicación del rechazo de Jesús. Israel ha sido el pueblo depositario de la Alianza de Dios, pero no ha dado los frutos de justicia que Dios quería ni ha recibido a sus enviados, los profetas, lo mismo que los labradores de la parábola no reciben a los criados. Ni siquiera acepta al hijo, Jesús, que manifiesta la realidad profunda de Dios, porque se siente dueño y señor de la Alianza. Pero el dueño sigue siendo Dios, que la otorgará a otros y rehabilitará a su hijo como piedra angular.

El mensaje sería, por tanto, darnos cuenta de que la Alianza con Dios nunca podemos considerarla como una propiedad nuestra, es siempre un don de Dios que nos exige estar dispuestos a actuar según su voluntad (dar frutos) y aceptar su mensaje (respetar al Hijo).

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Los preludios de la pasión (Mc 14,1-11)

Aquí nos encontramos, como sabemos, con un caso de inclusión: hay dos relatos, uno incluido en el otro. El primer relato está formado por los versículos 1-2 y 10-11, el segundo ocupa la parte central los versículos 3-9.

Si leemos de forma independiente el primero de los relatos (saltándonos los versículos 3-9) se produce un cambío de opinión sobre el momento en que hay que prender y matar a Jesús, los primeros versículos dan la impresión de desear retrasar el momento para que pase la fiesta de la Pascua, sin embargo los últimos versículos presentan a Judas buscando una oportunidad para entregar a Jesús, como si quisiera hacerlo cuanto antes (es lo que sucederá de hecho, Jesús será prendido precisamente el primer día de la fiesta según Mc 14,12).

La pregunta es entonces ¿qué ha sucedido para este cambio de planes? La respuesta que nos da implícitamente el Evangelio es la escena de la unción en Betania, donde es Jesús quien alude a un adelantar el tiempo (Mc 14,8). Sin decir nada, Marcos deja la impresión de que, a pesar de todo es Jesús quien está al tanto de la dinámica de los acontecimientos de la Pasión, él sabe cuando se adelanta el tiempo, a pesar de las previsiones de los sumos sacerdotes y letrados. Esto es un caso típico de proyección hacia atrás del hecho de la Resurrección: a partir del descubrimiento de Jesús resucitado los cristianos llegan a la convicción de que lo que ocurrió con él no fue una casualidad ni un proyecto humano, ha sido Dios quien ha llevado la historia hasta ese punto. Ese dominio de Dios sobre toda la historia se proyecta hacia atrás mostrando que, en el fondo, quienes dirigen los acontecimientos no son los que parecen ser poderosos, sino Jesús.

Otro tema importante en estos relatos es el dinero, que aparece caracterizado por diversos usos: para comprar perfume, para dárselo a los pobres, para ungir el cuerpo de cara a la sepultura o para pagar la traición de Judas. Dejando en principio a un lado la opción revelada por Jesús tenemos dos formas de usar el dinero: en un relato aparecen usos gratuitos del dinero (lujo o limosna) en el otro el uso comercial (compra de una traición), estas dos formas se contraponen, pero Jesús pone de manifiesto que esta no es la única opción, ni la fundamental: lo que da valor positivo al uso del dinero es su unión con la entrega de Cristo, su capacidad de ser anuncio de su muerte.

Todo esto puede quedarse en un recuerdo interesante del pasado, pero Marcos usa un recurso genial para introducirnos a nosotros mismos en el relato: la predicción de Jesús en 14,9. Puesto que se trata de una predicción podemos preguntarnos si se cumplirá o no, y la respuesta es que ¡la cumplimos nosotros mismos en el momento en que leemos este Evangelio! Nos vemos involuntariamente involucrados en la acción, nosotros también estamos dentro de la misma dinámica del relato. No se trata de que sepas que la palabra de Jesús domina la historia, sino que tú mismo eres testimonio de ese dominio en el momento mismo de leerla.

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El jóven de la sábana (Mc 14,51-52)

Este enigmático joven envuelto en una sábana que sólo aparece en el Evangelio de Marcos puede ser objeto de diversas interpretaciones. Seguramente la más evidente es pensar que se trata de un rasgo estilístico propio de Marcos, que, con cierta frecuencia, pone en su evangelio datos concretos que no tienen ningún valor especial en sí mismos, pero sirven para acentuar el realismo de las escenas. Esta debió ser la interpretación de los otros evangelistas que, aún conociendo el relato de Marcos, omiten esta escena en sus evangelios.

Otra interpretación ha querido ver aquí una especie de firma de Marcos, que deja su huella en el evangelio contando lo que le pasó a él mismo, de modo que se trataría de un personaje parecido al “discípulo amado” del Evangelio de Juan. Esto presupone un deseo de Marcos de dejar una huella personal en su Evangelio, lo cual no es muy normal en los escritos antiguos, aparte de que, tal y como está, la identificación de Marcos con este joven no es difícil, sino prácticamente imposible. Si comparamos esta figura con el “discípulo amado” de Juan vemos que en el segundo caso se alude a su identidad con el autor del Evangelio, y aquí no hay nada de eso.

Si tenemos en cuenta, como hemos visto, el paralelismo entre los relatos de la Pasión y la Resurrección en Marcos, podemos descubrir en este jóven un símbolo de la resurrección. En el momento del prendimiento de Jesús este jóven escapa desnudo dejando la sábana. Si buscamos en las escenas de la sepultura y la resurrección encontraremos que se habla de una sábana en 15,46 (sepultura) y de un joven envuelto en 16,5 (resurrección). Tendríamos por tanto en este joven un símbolo de la resurrección, a Jesús se le puede matar y enterrar (esto representaría la sábana que queda en poder de los captores) pero Jesús no está simplemente atrapado, resucita (esto representaría el joven que huye desnudo). Esta interpretación además cuadra bastante con la imagen general de Jesús en el Evangelio de Marcos como alguien que no se deja encerrar ni atrapar por nada ni por nadie.

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La muerte y resurrección de Jesús (Mc 15,16 - 16,8)

Los relatos de la muerte y la resurrección de Jesús están montados en paralelo, de forma que las escenas se van correspondiendo e iluminando mutuamente. Podemos comprobarlo con un esquema:

La muerte

La resurrección

Vers.

Escenas

Vers.

15,16-20

El poder burlado

El poder temido

15,42-44

15,21-23

Llevar la cruz

Llevar el cuerpo

15,45-46a

15,24-27

Crucifixión

Sepultura

15,46b

15,28-35

Testigos

Testigos

15,47

15,36

Le ofrecen vinagre

Le llevan perfumes

16,1-3

15,37

Muere

?

15,38

El velo

La piedra

16,4

15,39

Testimonio

Testimonio

16,5-7

15,40

Se quedan mirando

Se quedan calladas

16,8

El mensaje fundamental es claro, no se puede comprender la muerte sin la resurrección, ni la resurrección sin la muerte. Aparte de eso podemos aludir a algunos datos concretos que de por sí resultan reveladores. Se puede narrar la muerte de Jesús, pero no la resurrección que es introducción de Jesús en la vida definitiva de Dios, incluye una ruptura más allá de nuestra realidad mundana que no es directamente constatable, quedan sus efectos en forma precisamente de rupturas que deshacen las divisiones entre lo sagrado y lo profano (velo) y entre lo muerto y lo vivo (piedra). Con la resurrección Jesús hace irrupción en la vida de Dios y la vida de Dios hace irrupción en el mundo.

En la secuencia de la muerte de Jesús es importante el uso del Antiguo Testamento, en particular del Salmo 22, aludido en varias ocasiones: en los versículos 24 (Sl 22,19), 29 (Sl 22,8) y 34 (Sl 22,2). Estas alusiones pertenecen a las tradiciones más antiguas y muestran cómo los primeros creyentes ya hicieron un esfuerzo por pensar la muerte de Jesús a la luz de todo el designio salvífico de Dios y, al mismo tiempo reinterpretan toda la historia de la salvación a la luz de la muerte de Jesús. Este salmo sobre el sufrimiento del justo se lee desde la perspectiva de la Pasión de Jesús, aplicándoselo a él es posible interpretar a Jesús como el justo sufriente y ver su destino como conforme con la voluntad de Dios. Al mismo tiempo la Pasión de Jesús se inserta en la historia del sufrimiento humano con el que se hace solidario. Si además constatamos que el Salmo 22 concluye con la transformación del destino del justo podemos ver cómo la Resurrección ya va siendo la clave de la interpretación de la Pasión. Con la ayuda de las notas de tu Biblia podrás encontrar más ejemplos del uso del Antiguo Testamento en el relato de la Pasión.

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