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La Comunidad de Roma y la construcción del Evangelio La comunidad de Roma
Como hemos visto, Marcos escribió su evangelio pensando en las necesidades de la comunidad cristiana de Roma. A partir de otros estudios podemos llegar a la conclusión de que este primer evangelio se escribió entre los años 60 y 70 d.C. Por todo esto la primera pregunta que nos plantearemos será:¿cómo eran y qué problemas tenían los cristianos de Roma en aquella época? Sociológicamente, la comunidad cristiana de Roma estaba formada por cristianos provenientes del paganismo, es decir, fundamentalmente no judíos. Son un pequeño grupo que vive en una situación de semiclandestinidad y a veces de total clandestinidad a causa de los periodos intermitentes de persecución que se producen en todo el Imperio y especialmente en la capital (Una de las persecuciones más fuertes del cristianismo, la de Nerón, tuvo lugar precisamente en el año 64 d.C.). Todo esto lleva a los cristianos a correr un cierto peligro de desarraigo: por una parte no se identifican con un Imperio que en ocasiones los declara enemigos públicos, por otra parte pueden sentir como ajena una fe en Jesús cuyo origen judío no comparten plenamente. Teológicamente tampoco están demasiado claras las cosas, hay distintos puntos de vista sobre el sentido y el valor de Jesús. Hay quienes lo presentan como el más poderoso de los seres divinos, para lo que se sirven sobre todo de relatos de milagros con los que pretenden mostrar su grandeza. Otros (entre ellos San Pablo) centran la predicación en Jesús muerto y resucitado. Ninguna de las dos opciones, siendo ambas verdaderas, carece de riesgos. Si pensamos en Jesús sobre todo como un hacedor de milagros corremos el riesgo de terminar considerándolo como un simple curandero, si nos centramos únicamente en su resurrección el riesgo será el de espiritualizar tanto el cristianismo que pierda su arraigo en la humanidad de Jesús. A partir de esta situación Marcos compondrá su Evangelio intentando responder a todos estos que son los problemas concretos de su comunidad cristiana. La construcción del Evangelio Marcos es como uno de aquellos albañiles de antes, experimentado en muchas obras pequeñas, al que un buen día le proponen hacer una casa. Sabe aprovechar los materiales que haya y se pone a hacer la casa teniendo una idea general de lo que quiere hacer, pero que tendrá que ir adaptando según como vaya la obra. Los materiales: Tradiciones recibidas por Marcos Lo primero es ver los materiales que tenemos para hacer la casa. Marcos, para hacer su Evangelio cuenta con los siguientes:
Con estos materiales hay que hacer un Evangelio para los cristianos de Roma, por lo tanto habrá que usarlos según las necesidades de la comunidad: Marcos quiere corregir las ideas parciales de Jesús que comienzan a aparecer, al mismo tiempo debe mostrar a los cristianos de Roma que ellos, no judíos, tienen también un lugar entre los seguidores de Jesús y que las persecuciones no deben desanimarlos. Los planos: Estrategias narrativas Para dar respuesta a estas necesidades Marcos tiene dos grandes ideas que regirán todo el edificio: la distribución del tiempo, en la que será determinante la idea del secreto mesiánico y la distribución del espacio caracterizado por su oposición o aceptación de Jesús. El secreto mesiánico El tiempo en el Evangelio de Marcos está regido por una idea genial: el secreto mesiánico. El punto de partida es sencillo: Marcos conoce muchos relatos de milagros de Jesús y a partir de ellos quiere construir el armazón de la narración de su vida pública, pero se da cuenta de que con esto se corre el peligro de pensar en él simplemente como el que puede arreglarlo todo con una palabra. Basar la fe en Jesús simplemente en los milagros es un error grave, porque la verdad definitiva sobre él sólo se conoce a partir de su muerte y resurrección. Del mismo modo puede ser un error pensar que Jesús es Mesías y, a partir de nuestra propia idea de cómo debe ser un Mesías decidir de antemano cómo debe ser Jesús. Las cosas son al contrario, es conociendo a Jesús como descubrimos lo que significa realmente ser Mesías. A lo largo de la primera parte del Evangelio se muestra cómo, a pesar de contemplar los milagros, nadie llega a descubrir quién es verdaderamente Jesús. Por eso Jesús aparece continuamente imponiendo silencio ante los intentos de divulgar sus acciones (Mc 1,44; 3,12; 5,43). Las cosas cambian a partir de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe (Mc 8,27-30). A partir de este momento los discípulos creen saber quién es Jesús: el Mesías. Pero sus ideas sobre cómo debe ser un Mesías están equivocadas. Ahora a quien Jesús impondrá silencio es a sus discípulos después de la Transfiguración (Mc 9,2-13). Comenzará a instruirlos y el ritmo de la instrucción lo marcarán los anuncios de la Pasión (Mc 8,31-33; 9,30-32;10,32-34), porque sólo desde la cruz se podrá comprender lo que significa ser Mesías. Todo esto puede provocarnos a nosotros, lectores del siglo XXI, serias dudas: ¿Realmente hizo Jesús tantos milagros? ¿Sabía él con tanta certeza todo lo que iba a pasar? Son dudas importantes, pero para resolverlas debemos en primer lugar ponernos en el punto de partida de Marcos, que no es un historiador científico de nuestra época. Marcos sabe que Jesús realizó curaciones (y de eso podemos hoy estar seguros) y le llegan múltiples relatos sobre esas actuaciones de Jesús. Ante estos relatos él no se plantea si su origen es exacto o son fruto de la imaginación popular que atribuye cada vez más cosas a Jesús. La pregunta de Marcos ante los relatos de milagros no es: ¿es verdad que ocurrió esto exactamente así? sino: ¿qué verdad sobre Jesús puedo encontrar en este relato? Esta es ya una enseñanza para nosotros como cristianos: la cuestión fundamental no es qué hizo exactamente Jesús (aunque esta sea una cuestión importante), sino, a partir de lo que hizo Jesús, qué es lo que hoy hace y puede hacer Jesús en mi vida. Esa es la cuestión que preocupó a Marcos y la que hace que su Evangelio no sea un resto arqueológico sino una enseñanza viva y actual. Podemos comprobar como Marcos mezcla en su Evangelio los verbos en pasado con los verbos en presente: para él Jesús no es solamente alguien que hizo cosas, sino que sigue actuando en el mundo porque está vivo y presente en la comunidad de sus seguidores. Lo mismo ocurre con las predicciones de la Pasión. Por supuesto que Jesús fue cada vez más consciente de que su forma de actuar le granjeaba enemigos mortales y de que su vida estaba en juego, pero lo que Marcos quiere hacernos ver es todavía más importante: si queremos seguir a Jesús nosotros también debemos contar con la cruz en el horizonte de nuestro camino y no echarnos atrás. La geografía del Evangelio En Marcos el espacio se organiza poniendo en relación de oposición a unos lugares con otros. La oposición principal es entre Galilea y Jerusalén. Toda la primera parte del Evangelio se sitúa en torno a Galilea, después Jesús viaja a Judea y sube a Jerusalén, donde se desarrollan los acontecimientos de la Pasión. Las alusiones a Jerusalén que aparecen en la época galilea suelen tener un sentido hostil: de Jerusalén provienen los que no aceptan a Jesús y le plantean problemas (Mc 3,8; 3,22; 7,1).
Galilea es el lugar de la predicación del Evangelio, mientras que Jerusalén es el lugar de la cerrazón al anuncio de Jesús. En Jerusalén muere Jesús, en Galilea se presenta resucitado (Mc 16,7). Galilea, tierra donde conviven judíos y paganos, es el símbolo de la apertura universal del mensaje de Jesús. Hay también otra oposición geográfica que se manifiesta en la primera parte del Evangelio, la que se sitúa entre la tierra donde hay judíos y la tierra donde hay paganos. Continuamente vemos a Jesús cruzando de la orilla judía a la orilla pagana del mar. Varias veces vemos como Jesús va a la parte judía, se encuentra con la oposición de los letrados y fariseos y vuelve a territorio pagano (Mc 6,53-7,24; 8,11-13). Esta geografía tiene un sentido, Jesús no se deja encerrar en ningún lugar. Es el mismo Jesús el que inauguró el movimiento que tiene que impedir una y otra vez que el Evangelio quede encerrado en cualquier tipo de Jerusalén. La construcción: pequeñas estructuras narrativas Lo que hemos visto son los planos del Evangelio a nivel general, pero ahora Marcos se enfrenta a la tarea de convertir todo esto en un relato, para eso hará como un albañil que va construyendo habitación por habitación. Todo el Evangelio está formado por pequeñas estructuras narrativas que se unen para formar un conjunto armonioso. Un ejemplo lo tenemos en la estancia en Cafarnaum (Mc 1,21-39) en donde Marcos nos ofrece un breve resumen de toda la actividad de Jesús. En Mc 4,35-5,20 se encadenan una serie de escenas que muestran las dificultades con las que se encuentra el anuncio del Evangelio entre los paganos y como finalmente se superan. A veces Marcos usa estructuras más rebuscadas como la inclusión semítica, que consiste en mezclar dos relatos que se se iluminan mutuamente de modo que comienza con uno, lo deja inacabado, cuenta el segundo relato y termina contando el final del primero. Es como una especie de bocadillo en la que un relato queda encerrado en otro. Podemos buscar algunos ejemplos para intentar comprender como se relacionan entre sí las distintas cosas que se cuentan (Mc 11, 12-26; 14, 1-11; 14,53-15,15). En otras ocasiones usa una construcción simétrica para contraponer dos realidades opuestas, como los éxitos y conflictos en la labor de Jesús (Mc 1,16-2,28) o su muerte y su resurrección (Mc 15,16-16,8). La argamasa que une todo el edificio de este Evangelio es el estilo propio de Marcos, un narrador directo, que cuenta las cosas con cierta crudeza (Mc 9,19; 14,50) y sin buscar alardes literarios. También es propio de Marcos el fijarse en detalles concretos que no tienen ningún significado especial, pero que dan un toque de realidad y autenticidad a las escenas (Mc 2,3; 5,22; 5,42-43). |
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EL ESCOLIASTA 2004