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La moral Cristiana
sobre la sociedad: Fundamentos, objetivos y principios
Fuentes bíblicas y evolución histórica de la moral social cristiana
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LA MORAL CRISTIANA SOBRE LA SOCIEDAD: FUNDAMENTOS, OBJETIVOS Y PRINCIPIOS 2. Fundamentación de la moral social 2.1. Factores nuevos para una moral social fundamental Antes el hecho social lo componía la suma de individuos. Hoy el hecho social constituye una realidad original con respecto a los individuos. Esa originalidad proviene de la importancia que tienen las estructuras y las instituciones como mediación e influencia en la relación entre individuos. La persona se comprende hoy en un nivel personalista más que individualista. Pero también existe un paradigma nuevo, el que Fritjol Capra ha llamado “revolución blanda”. Es revolución porque está constituida por cambios radicales: cambios del sistema económico internacional, en la distribución de la riqueza, en el reparto de la pobreza, la degradación del medioambiente etc. Y es blanda porque intenta minimizar la violencia y conflictividad que llevan consigo esos cambios (1). 2.1.1. Comprensión actual del fenómeno de la moral social La moral atraviesa en determinadas épocas por momentos de mayor aceptación o de crisis. Pero desde mediados del siglo XX se ha puesto en cuestión a la vez los comportamientos morales y su legitimación. Han surgido nuevos problemas comunes a la humanidad que requieren de nuevos instrumentos teóricos para solucionarlos: igualdad de todos los hombres, supervivencia de la humanidad, desnivel en el desarrollo de los países, el destino del desarrollo tecnológico. Todo esto no ha acabado con la moral; más bien unos comportamientos han desaparecido y han surgido otros, como el capitalismo avanzado e intervensionista y la difusión de los medios de comunicación de masas. Todo ello obliga a elaborar una teología moral social. En primer lugar, hay un creciente interés por la moral y se han relanzado actitudes como el “escándalo”, no sólo ante hechos que se consideran intolerables, sino ante la relativización de las normas. Surge también la actitud de la “indignación”, como reacción más grave que el escándalo, pues no sólo rechaza la trasgresión sino que reafirma los valores ofendidos. Junto a estas actitudes que manifiestan la permanencia del sentimiento moral, la renovación de la moral social es más comprensible, si se cuenta además con los nuevos movimientos de tipo cultural, económico, político, social y religioso que han surgido últimamente -siempre que éstos sean sinceros-. En efecto, la mera presencia de esos movimientos revela ya que en el mundo reina la injusticia, y confirma a la vez la permanencia del sentimiento moral y su concreción práctica. En segundo lugar, para construir la respuesta a la emergente instancia moral, se puede seguir un camino corto (elaborar una respuesta moral desde las indicaciones que surgen del mismo interrogante) u otro largo (afrontar toda la problemática de la instancia moral con el objeto de comprenderla, conociendo su origen e historia) (2). 2.1.2. Raíces de la problemática moral actual En la época moderna el lugar de la moral está entre individuo y sociedad. La moral constituye una instancia crítica enfrente de la sociedad y del horizonte mundano, en cuanto deja al descubierto las pretensiones totalizantes; y el lugar de esa instancia crítica es la relación individuo-sociedad. El origen actual en la tarea de la construcción de la moral debe remontarse a la filosofía moderna, principalmente con Kant, donde el sujeto ocupa la centralidad absoluta, porque se impone a sí mismo la ley moral. La subjetividad será el lugar de la moral, apareciendo la relación con los otros como problemática. Lo positivo estará en el individuo, lo negativo en la sociedad. La complejidad de la época moderna consiste en observar como el sujeto tiende a ser el centro de la realidad; pero a la vez esa conquista del sujeto aparece fuertemente comprometida por el efectivo desarrollo de la sociedad moderna. Hoy en Occidente ocupa un lugar peculiar el nacimiento y la evolución de las democracias y la potenciación de los nacionalismos, con el grave peligro de desmembramiento de las naciones. La moral social cristiana debe prestar atención a todos estos acontecimientos, situándose en una cierta tensión entre la doctrina religiosa y el pensamiento secular (3). 2.1.3. Proceso fenomenológico de la experiencia moral de la sociedad Para construir la moral social es necesario comprender el fenómeno moral actual y sus raíces. En el fundamento de dicha moral se encontrará, a su vez, el fundamento de toda la moral y de la moral de la persona que mira a la sociedad. En el proceso fenomenológico de la experiencia moral en su vertiente social ha de considerarse los siguientes estadios (4):
2.1.4. Líneas fundamentales de la moral social Frente a una concepción filosófica que entiende al hombre como un instrumento (Hobbes, Locke y Rousseau), la ética cristiana asume la concepción del hombre como un valor incondicional y absoluto frente a todos los totalitarismos. El hombre es la realización de sus capacidades, es un ser esencialmente llamado a la comunión y al diálogo, y, como dice la Gaudium et Spes, es «el autor, el centro y el fin de toda la vida económica y social» (GS, 63). Éstas podrían ser las líneas fundamentales de la moral de la sociedad (5):
2.2. Opción por la justicia y la libertad En efecto, todo lo considerado hasta ahora podría sintetizarse en dar respuesta a una doble aspiración humana: el anhelo de libertad y el de igualdad. Llegar a la conciencia de ambas aspiraciones fue lento, pero mucho más lento es la conquista efectiva de esa libertad e igualdad. A esto se añade que no se entiende de la misma manera lo que significa ambos conceptos. Las primeras manifestaciones a favor de la libertad del hombre se produjeron en un ambiente liberal-individualista, con el fin de poner al individuo a salvo del poder creciente del Estado, que es una amenaza para las personas. Se llama, por tanto, libertad- resistencia. Es necesario delimitar los ámbitos del Estado y del individuo. Para que el Estado y las personas se reconcilien es necesaria la aparición de la sociedad y la conciencia de la misma. Las personas son actores de la misma y el concepto de libertad adquiere tintes positivos. Junto a la libertad, la humanidad también ha ido entendiendo que somos iguales por naturaleza, y la libertad sirve de expresión de esa igualdad. Pero el ejercicio de la libertad es diferente y, por ende, existen desigualdades. La toma de conciencia de la igualdad humana radical y natural se proyecta como meta y promueve, a su vez, una exigencia de justicia, propia de nuestro mundo. Libertad y justicia, por otra parte, parecen autoexcluirse. La libertad tiende con su ejercicio a discriminar a unos frente a otros; La igualdad parece enfrentarse en muchas ocasiones con las libertades individuales. Y sin embargo, no podemos renunciar a ninguno de esos valores. El equilibrio entre la igualdad y la libertad se sitúa en la ética. Por un lado, la ética deberá reafirmar esos valores supremos, explicar su contenido y sus exigencias, pero a la vez buscará permanentemente el equilibrio entre ellos a lo largo de los diferentes momentos históricos. En la justicia va implícita la aspiración por la igualdad. La libertad postula el derecho y el deber de todos a participar en la construcción y el mantenimiento de un orden capaz de garantizar esa igualdad. Ambas -libertad e igualdad- deben implicarse mutuamente, sin exclusiones. Dadas las dificultades de armonización ésta será siempre una tarea imperfecta, llamada a su superación continua (6).
NOTAS 1. GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Pág. 8-9. (volver) 2. GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Pág. 9-11. (volver) 3. GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Pág. 11-13. (volver) 4. GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Pág. 13-14. (volver) 5. GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Pág. 14-16. (volver) 6. CAMACHO, I. y OTROS. Praxis cristiana III. Op. cit. Pág. 7-8. (volver)
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EL ESCOLIASTA 2004