Moral social

La moral Cristiana sobre la sociedad: Fundamentos, objetivos y principios
 
1. Moral social y moral personal
2. Fundamentación de la moral social
3. Principios fundamentales de la ética social cristiana
4. Especificidad de la ética social cristiana

Fuentes bíblicas y evolución histórica de la moral social cristiana

1. Aproximación bíblica a la moral de la sociedad
2. Aproximación histórica a la moral social
3. La cuestión social en el origen de la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia

1. Formación del corpus de la Doctrina Social de la Iglesia
2. Naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia

Doctrina sobre diversas realidades sociales

1. La cuestión demográfica
2. La revolución científico-técnica y las nuevas tecnologías
3. La cuestión ecológica
4. La familia y los más débiles de la sociedad

Doctrina social sobre la cultura

1. La cultura
2. La educación
3. Los medios de comunicación social

Doctrina social sobre la política

1. Ética y política
2. La comunidad política
3. El compromiso político del cristiano

Doctrina social sobre la economía

1. Economía y ética
2. Finalidad de la economía: satisfacer necesidades humanas
3. El trabajo humano
4. La propiedad
5. La empresa
6. El mercado
7. El sindicato
8. La intervención del Estado en la economía

 

SITIOS RELACIONADOS

Concilio Vaticano II: Gaudium et spes
Juan Pablo II: Laborem exercens
Juan Pablo II: Centesimus annus
Catecismo de la Iglesia Católica


 

DOCTRINA SOCIAL SOBRE LA ECONOMÍA

3. El trabajo humano (1)

La situación actual del trabajo está marcada por el desempleo, la precarización, y el alejamiento del objetivo de pleno empleo. Además, falta una auténtica cultura del trabajo y de atención a la dignidad del trabajador.

Podríamos decir que el trabajo es una actividad del ser humano, personal y libre por la cual se emplean fuerzas físicas y mentales para producir algún bien material o espiritual.

3.1. Dimensiones del trabajo

El trabajo ocupa un lugar central en la vida humana y constituye un instrumento de perfección del hombre. El hombre transforma la naturaleza y, a su vez, se realiza a sí mismo como persona. El trabajo, como expresión y perfección de la naturaleza y del hombre tiene una dimensión personal; otra dimensión es la familiar; y en cuanto perfección y humanización del cosmos tiene una dimensión cósmica.

Juan Pablo II diferencia el aspecto subjetivo y objetivo del trabajo. En su dimensión subjetiva el trabajo es exclusivamente tarea humana, y el fin de todo el proceso productivo es también el hombre. Por ello, la dimensión subjetiva del trabajo se impone necesariamente sobre su carácter objetivo.

3.2. Dimensión teológica y espiritualidad del trabajo

Juan Pablo II, en la Laborem exercens (2), ha elaborado una verdadera teología del trabajo: El hombre, imagen de Dios, está convocado al trabajo: mediante él alabamos a Dios y nos desarrollamos espiritualmente. Con el trabajo colaboramos con Dios en la obra creadora. Por el pecado original el trabajo manual o intelectual va acompañado de la fatiga. Y esa penosidad, unida sufrimiento de Cristo, es también colaboración con su obra redentora. La resurrección, por tanto, dará sentido a la actividad laboral, porque apunta a los “nuevos cielos” y “la nueva tierra”, los cuales en cierto modo el trabajo prepara. Por su parte, el trabajo tiene un valor salvífico, porquen os hace abandonar el individualismo y abrirnos a la solidaridad y caridad fraterna. También es un medio de santificación y puede convertirse en oración constante y cotidiana.

Siguiendo esta misma dimensión espiritual, el Catecismo de la Iglesia Católica indica que el trabajo nace de la persona creada a imagen de Dios y llamada a prolongar la obra creadora. El trabajo se presenta como un deber que honra los dones del Creador, tiene una dimensión redentora y puede ser un medio de santificación (3).

3.3. Primacía del trabajo sobre los bienes, el capital y la técnica

El resultado del trabajo no puede ser el criterio para valorar su dignidad trabajo (4). Los bienes producidos están al servicio del hombre. También está por encima del capital. Igualmente es superior a la técnica descrita en la Laborem exercens como el conjunto de instrumentos de los que el hombre se ayuda en el trabajo, la cual tiene muchas cualidades, pero también inconvenientes, tales como la pérdida de puestos de trabajo, de creatividad o de satisfacción personal.

3.4. El derecho al trabajo y el deber de trabajar

a) El derecho al trabajo: aparece en todas las Constituciones pero con un valor programático. Eso plantea la cuestión de la naturaleza de ese derecho y ante quien es exigible. Las explicaciones que se han dado a este problema son las siguientes:

  • Es un derecho a un puesto de trabajo que debe garantizarlo el Estado, sin que se pueda sofocar la libre iniciativa individual (5).

  • En el Estado de bienestar se entiende como una reivindicación de ingresos: subsidio en caso de falta de trabajo.

  • Se entiende cada vez más como derecho a la subsistencia.

El Catecismo de la Iglesia Católica proclama que el acceso ala trabajo debe estar abierto a todos sin discriminación, correspondiendo a la sociedad el deber de ayudar a los ciudadanos a procurarse un empleo (6).

b) El deber de trabajar: Trabajar es también un deber para contribuir al desarrollo de la comunidad. Pero es más una obligación moral que jurídica. Y ese deber viene atribuido por las funciones que le corresponden: es el único medio honrado de lograr una vida digna; transmite sentido y dignidad personal; integra al hombre en la cadena humana y social del progreso; sirve de intercambio de ayuda entre los semejantes en aras al bien común; y, por fin, es un mandato divino.

3.5. Derechos y deberes de los trabajadores

a) Deberes del trabajador: El primer deber del trabajador es la prestación de los servicios contratados. Además la Doctrina social de la Iglesia señala como deberes el de no dañar al capital, no ofender a los patronos, abstenerse de toda violencia al defender sus derechos y el de asumir la responsabilidad de lo que se hace. El trabajo debe considerarse asimismo como un deber dirigido al bien común y no sólo una fuente de ingresos.

b) Derechos del trabajador: León XIII proclama los derechos del obrero. Éste tiene derecho a un salario justo y familiar; es una cuantía periódica que el trabajador recibe de la empresa, fijada según ciertos criterios (7). Tiene derecho al desarrollo de una legislación que le proteja, a formar asociaciones de trabajadores y a una limitación de jornada.

La Iglesia también ha prestado atención a las condiciones externas en que se desarrolla el trabajo: libertad de asociación de trabajadores, protección de las buenas costumbres, vivienda adecuada, prestaciones sociales, salud e higiene en el trabajo, etc.

3.6. El desempleo

El desempleo o el empleo de baja calidad constituyen una verdadera calamidad social, planteando incluso, en los países industrializados, la pérdida de centralidad del trabajo humano (8). El problema del paro obliga, no sólo a fijarse en la producción de nuevos servicios, sino a que se practiquen nuevas inversiones. Invertir se convierte en un deber. En este sentido el Concilio Vaticano II propuso que «las inversiones deben orientarse a asegurar posibilidades de trabajo y beneficios suficientes a la población presente y futura» (9).


NOTAS

1. CUADRÓN A. y OTROS. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 217-227. (volver)

2. Vid. JUAN PABLO II. Enc. Laborem exercens, núms. 24-27. (volver)

3. Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2427. (volver)

4. Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2428. (volver)

5. Vid. JUAN PABLO II. Enc. Centesimus annus, núm. 48. (volver)

6. Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2433. (volver)

7. Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2434. (volver)

8. Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2436. (volver)

9. Vid. Const. Gaudium et Spes, núm. 70. (volver)

Andrés Francisco Peña

   

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