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Pascua cofrade

Cuando apenas ha cesado el último toque de la Marcha Real y el Paso de palio de Santa María del Triunfo descansa en su Templo, comienza el tiempo de balance. Es tiempo de ordenar ideas, de ver los errores y los aciertos, de hablar, de ver videos, de oír tertulias, de aceptar críticas y de buscar soluciones. Es también tiempo de Pascua en el mundo cofrade.

Se supone que en Cuaresma hemos tenido que hacer precisamente eso. Examen de conciencia y vida y posteriormente propósito de enmienda y propósito de mejora. Se trata de morir a lo antiguo y resucitar a lo nuevo. Debíamos haber hecho propósitos para una nueva vida. Más auténtica, más humana, más cristiana.

Pero... si no nos hemos planteado siquiera el enterrar los errores cometidos, el intentar dejar en la cruz los malos gestos, el sepultar la antigua vida... ¿podremos resucitar a una nueva vida? ¿podremos pasar del hombre viejo al hombre nuevo? ¿podremos revestirnos de una nueva forma de ser? Permitidme decir que lo dudo.

Cuando Jesús subió a Jerusalén era plenamente consciente de adónde iba. Era consciente de que debía acudir a la Ciudad Santa a cargar con todos nuestros pecados, a padecer la Pasión y muerte y así consumar la Redención. Era plenamente consciente de que debía derruir “ese templo” y volver a edificarlo en tres días para resucitarnos a todos. Era plenamente consciente del proceso que debía seguir para llegar al “cuerpo glorioso”.

¿Podemos decir nosotros lo mismo? ¿Somos conscientes de nuestra necesidad de cambio, de nuestra necesidad de buscar una Vida más auténtica basada en el perdón, el amor, la comprensión...? ¿hemos sido conscientes esta Semana Santa del camino que debíamos recorrer hasta nuestra Pascua?

Nosotros, los cofrades, tenemos una oportunidad más. Para muchos ha pasado la Semana Santa y ya está. Han terminado las vacaciones. Comienza el tercer cuatrimestre...¡ya falta menos para el verano! Pero nosotros, los cofrades vivimos ahora nuestro tiempo de reflexión. De análisis de la Cuaresma y la Semana Santa. Y ahora que es cuando vemos lo malo para hacerlo mejor, lo regular para convertirlo en bueno, lo “no realizado” para lograrlo desde este momento, ahora, es cuando debemos también mirar hacia nuestro interior. Hacia nuestra vida cristiana y humana.

No basta con mejorar la forma de hacer la Estación de Penitencia, la forma de andar de los costaleros, el orden procesional, si la flor iba mejor o peor... No. Porque si no cambiamos nuestro interior todo lo demás se hace suplerfuo, y como en la Ascensión, se nos dirá: “¿Qué hacéis mirando al cielo?”. ¿Hacia donde miramos? ¿Por qué no actuamos sobre lo verdaderamente importante que es nuestro interior?

Y sin duda alguna, con la oración, con la meditación profunda de la Palabra nuestra vida cambiará. Y una vez transformado lo interno, lo externo florecerá.

Es tiempo de balance. Es tiempo de cambio. Es tiempo de Resucitar.

Ángel Henares

 

 

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EL ESCOLIASTA 2004