|
|
Triduo mariano II La fiesta de la Asunción marca el cenit del verano. El quince de Agosto es una de las fiestas marianas por excelencia. De esas que junto con la de la Inmaculada marcan todo el año. De esas que junto con la de La Purísima se intentaron quitar del calendario festivo en aras de una “sociedad laica” y que el clamor popular impidió (igual la sociedad no es tan laica como algunos pretenden). La Asunción se trasforma en numerosas fiestas patronales marianas en toda la geografía española. En Granada es Asunción en la Puebla de Don Fabrique y en Santa Fe. En Pinos Puente y Montefrío la advocación mariana es los Remedios. En Almuñécar se celebra este día quince la Virgen de la Antigua, en Motril la Coronada imagen de la Virgen de la Cabeza... Sin contar pueblos donde este día festivo se utiliza para celebrar el encuentro de los que se fueron y vuelven a casa, como Cuevas del Campo, Guadahortuna, etc. La Asunción se hace fiesta grande en toda España. Muy cercanas tenemos las fiestas de Málaga y las de la Virgen del Mar de Almería, que empiezan en torno al día 15. Agosto se hace mariano en muchos pueblos y ciudades hasta bien avanzado el mes. La gente, los fieles, nos acercamos a María en esta “segunda treintena” del triduo particular que estamos siguiendo. Y estos días, como ya hemos dicho se hacen muy especiales en dos localidades con gran solera y tradición cofrade: Motril y Almuñécar. Estas dos localidades unen sus costas por amor a María. La mar es más mariana que nunca. Sus gentes hacen alfombra de plegarias las calles en torno a la Virgen de la Antigua en Almuñécar y la Virgen coronada de la Cabeza en Motril. Coinciden con sus fiestas mayores, y las localidades están de feria. María bendice la costa desde sus dos capitales. De nuevo, como en el Carmen, María es marinera y pescadora. Pero también agricultora, pastora, y de todas las gentes del pueblo. María se asoma desde lo más alto de ambas localidades, dado que sus capillas divisan sus pueblos desde un cerro, y baja a bendecir las calles, los campos, las playas, las gentes, los lugares de trabajo... El pueblo la lleva en volandas y la sube de nuevo a la casa donde de nuevo residirá todo el año. Y el cansancio en el rostro no es tanto por la empinada cuesta final, sino cuanto por el dolor del hijo que devuelve a su Madre a su casa después de haberla tenido en la suya. En Motril y en Almuñécar, en La Puebla y Santa Fe, en Montefrío, en Pinos... ¡Qué buenos hijos para tan buena Madre! Esa Madre que recibe también a tantos emigrantes que un día se fueron y retornan a sus pueblos al calor de la familia y los amigos. ¿Por qué celebrar sólo la fiesta de los hijos? Mejor celebrar la fiesta de la familia cristiana en torno a su Madre. |
|||||
|
Portada |
Fe | Biblia |
Domingo | Pasión |
Camino | Cultura | Libros
| Enlaces | Correo
EL ESCOLIASTA 2004