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La Cuaresma no es una obligación pesada

El pasado puente de Andalucía, aproveché para ir junto con mi mujer y unos amigos a Roma en un viaje que organizó el colegio donde trabajo. Desde el primer momento me lo planteé como una peregrinación, como la que hacemos todos los cofrades a la Santa Iglesia Catedral en Semana Santa, pero, un poquito más lejos. El destino otra de las metas de peregrinación tradicionales de los cristianos, la Tumba de San Pedro. En esta Estación de penitencia no había ni costales ni hábitos. Pero sin duda alguna había mucho de ese espíritu que todos tenemos en nuestra Estación de Penitencia: De camino de sacrificio, que nos sirve de purificación para llegar a ser más auténticos y mejores cristianos. Entre las muchas cosa que hicimos, créanme, que una de las más emocionantes fue la visita de la tumba de Juan Pablo II, fue asistir al también muy emotivo rezo del Ángelus con Benedicto XVI. Quiero aprovechar este espacio para hablar sobre el tiempo litúrgico que ya hemos empezado: LA CUARESMA. Y para ello que mejor que reproducir las palabras de Benedicto XVI del pasado domingo 26 de Febrero en el rezo del Ángelus en el que estuvimos presentes. En este acto, ante miles de fieles el Papa nos exhortaba que "en su conjunto (la Cuaresma), constituye un gran memorial de la pasión del Señor, en preparación de la Pascua de Resurrección. Durante este período no se canta el «aleluya» y se nos invita a practicar formas adecuadas de renuncia penitencial. El tiempo de Cuaresma no debe afrontarse con espíritu «viejo», como si fuera una obligación pesada y fastidiosa, sino con el espíritu nuevo de quien ha encontrado en Jesús y en su misterio pascual el sentido de la vida, y experimenta ahora que todo debe hacer referencia a El. Ésta era la actitud del apóstol Pablo, quien afirmaba que había dejado todo atrás para poder conocer a Cristo, «el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Filipenses 3, 10-11).

Que nuestra guía y maestra en el camino cuaresmal sea María santísima, quien, cuando Jesús se dirigió con decisión hacia Jerusalén para sufrir la pasión le siguió con fe total. Como «ánfora nueva» recibió el «vino nuevo» preparado por el Hijo para los desposorios mesiánicos (Cf. Marcos 2,22). Y, de este modo, fue la primera en recibir bajo la Cruz esa gracia, derramada por el Corazón traspasado del Hijo, encarnación del amor de Dios para la humanidad, que ella misma, había solicitado con instinto de madre para los esposos de Caná (Cf. «Deus caritas est», 13-15). "

Que María Santísima nos ayude a ser auténticos en este tiempo, a perdonar y a pedir perdón, y a buscar solamente en nuestros actos la Bondad del Reino de Dios. Que todo este tiempo de Cuaresma sea un tiempo de perfeccionamiento. Una peregrinación a ser mejores. Nos queda un gran camino para ser lo que que Dios quiere de todos nosotros. Pero lo que para nosotros es imposible, con la ayuda de Él es realizable.

Ángel Henares

 

 

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EL ESCOLIASTA 2004