|
|
DIOS ES AMOR Carta Encíclica “Deus Caritas est” El gran regalo que nos ha dado Benedicto XVI en estos 24 meses de Pontificado, ha sido la encíclica “Dios es Amor”. Y... ¿Cómo es que una persona con tanta profundidad, con tanta capacidad filosófica, con tanta lucidez intelectual como es Benedicto XVI elige un tema tan usado, maltrecho y conocido (al menos aparentemente) como es el del amor para su primera encíclica?
“Hemos creído en el amor de Dios”. Esta es la primera gran idea que leemos en la introducción de la encíclica. Y esta idea es nuestra opción fundamental de vida como cristianos y cofrades. Si entendemos esto en nuestra vida, nuestra vocación cofrade tendrá un sentido pleno. Si no, estaremos perdidos en nuestras acciones. Porque no se comienza a ser cristiano, por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con Dios, que da un nuevo horizonte a nuestra vida, que transforma nuestra actitud y que da una orientación decisiva a nuestros actos cristianos y cofrades. Si no descubrimos que Dios nos ha amado primero, y que por tanto el amor ya no es un mandamiento, sino la respuesta al don del amor, a Dios que viene constantemente a nuestro encuentro, entonces todos nuestros cultos, todos nuestros ensayos, todos nuestros pregones, todas nuestras reuniones y todas nuestra Estaciones de Penitencia estarán vacías de contenido y fundamento, y no seremos más que “bronce que suena o címbalo que retiñe” (1 Co 13). “Y esto es un mensaje de gran actualidad –dice Benedicto XVI– y por eso, en mi primera encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás”. Y es que al hablarnos del amor, nos habla de lo más íntimo, importante y precioso de ser cristiano. Cuando decimos que “Dios es amor”, nos encontramos con una palabra que ha sido tan usada y tan mal empleada y manipulada, que muchas veces no sabemos a qué se refiere: “amor al trabajo, a la patria, de amigos, de hermanos, de pareja, enamorarse, hacer el amor….”. Los griegos distinguían el amor con tres palabras: El eros, que es el amor humano entre hombre y mujer, que no nace del pensamiento o la voluntad, que es el amor pasional. El philia, que es la amistad, el amor filial, y el Agapé, que es el término que más se usa en el Nuevo Testamento a la hora de hablar del amor. Es un amor no egoísta, que no me busca a mí mismo ni mi satisfacción personal inmediata, sino que busca al otro. Que su fin se encuentra en el hermano, en la pareja, en el prójimo. Es un amor que tiende a la eternidad. Este amor, que como he dicho antes es el más utilizado en los Evangelios, el agapé, es éxtasis, pero no en el sentido de arrebato momentáneo, sino como un camino permanente de búsqueda del otro, un salir de “mí mismo”, “salir de mi yo cerrado” (Lc 17,33ss). Es el camino del grano de trigo, que si no muere, no da fruto, y por tanto no transciende, no da lo mejor de sí mismo, perdiendo toda su dimensión. Por tanto tenemos que el eros es el amor terrenal, y el agapé, es el amor trascendente. Pero dice el Papa, que se equivocan los que predican que el cristiano solo debe tender al agapé y olvidarse del eros. Seríamos incompletos y no respetaríamos el sentido de la creación si no vivimos estos dos tipos de amor en equilibrio, porque los dos deben tocarse, estar siempre en contacto. El ser humano está compuesto de cuerpo y alma, y cuerpo y alma forman una unidad íntima. Se trata de amar a Dios y estar en contacto con Él a través de los hermanos, del prójimo, de tu pareja, de tus amigos y desconocidos, y viceversa, amar humanamente pero siempre teniendo presente a Dios (2ª Co 12, 2-4). Y entonces, dice Benedicto XVI, llegamos a una gran respuesta: que el amor, en el fondo, es la única realidad, si bien con diversas dimensiones, pero que son inseparables, porque si no, si vivimos una sola de ellas apartándonos de las demás, entonces estamos convirtiendo el amor en una caricatura. Jesucristo es el amor de Dios encarnado. Es el pastor que va tras la oveja descarriada. Es el padre que sale a nuestro encuentro, como en el hijo pródigo y nos abraza. Y estas parábolas no son solo imágenes, meras palabras, sino que son la explicación de su propio ser y actuar. (Publicado en la revista GÓLGOTA. Diciembre 2006) |
|||||||
|
Portada |
Fe | Biblia |
Domingo | Pasión |
Camino | Cultura | Libros
| Enlaces | Correo
EL ESCOLIASTA 2007