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Viernes Santo. CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN
DEL SEÑOR
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El Viernes Santo la
Iglesia celebra la muerte victoriosa de Jesús. En la cruz vemos al
Señor y en él descubrimos la posibilidad de colmar todas las
ansiedades de nuestro mundo. La cruz es la revelación de nuestro
destino: el triunfo de Cristo es la victoria de todos. |
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LA VIDA Y LA MUERTE DE
JESÚS |
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Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado
la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los
suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo.
Jn 13,1
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La Pasión y Muerte de Jesús no son un accidente
casual motivado por el desconocimiento y la insensatez de unos cuantos,
sino la culminación de su vida, el desenlace de una tragedia que comenzó
a tramarse con su nacimiento. Por eso para comprender lo que significa
la Cruz hay primero que comprender lo que significa su vida.
Vamos primero a plantearnos la situación anterior cuyo resultado es la
muerte de Jesucristo: el pecado. El sentido profundo del pecado consiste, todos lo sabemos,
en la negación de Dios, el rechazo de su voluntad en nuestra vida que
conduce a la desaparición de la posibilidad de
dirigirse a él de forma natural e ingenua, como un niño pequeño se
dirige a su padre. Por eso con el pecado aparece la angustia, la
necesidad de relacionarse, sea como sea, con Dios, pero
experimentamos que Dios es el Tú con el que nunca se puede tratar de igual
a igual, el que, desde su perfección, saca a la luz nuestra
imperfección.
En esta situación aparece Jesús como enviado de Dios que propone una nueva
relación con él: Dios es Padre que perdona. Esta, que es la imagen
definitiva de Dios, no fue aceptada por los hombres. Jesús había
prestado durante toda su vida el servicio de mostrar a Dios como Padre
para provocar la fe en su reino,
en el perdón de los pecados. Esto conllevaba una transformación radical
de la vida de los hombres, si Dios nos llama y acoge a todos las
barreras que nos separan comienzan a no tener ningún sentido. Por eso llegó el momento en que, si
Jesús continuaba con su obra, muchos
serían molestados e intentarían deshacerse de él.
Jesús podía haberse escondido o
haber cambiado su forma de hablar y actuar para proteger su vida. Sin
embargo no lo hizo, para él anunciar y vivir la Buena Noticia no era
algo anecdótico o pasajero, sino una realidad de tal trascendencia que
merecía la pena arriesgar y perder la vida por ella. La muerte de Jesús
es la consecuencia de que, para él, su mensaje y su misión fueron aún
más importantes que la misma vida. |
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LA CRUZ DEL SEÑOR |
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Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su
término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
-Tengo sed.
Había un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una
esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron
a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo:
-Está cumplido.
E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Jn 19,28-30
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La cruz supone la ruptura definitiva de los hombres
con Dios. Por parte de los hombres la cruz realiza la muerte de Dios en
el mundo, la mayor profundización del pecado. Por parte de Dios la cruz
representa el olvido del único que merecía ser recordado por él: Jesús
muere como un maldito, un abandonado de Dios. Es la ruptura más total
que puede darse entre Dios y el hombre.
Paradójicamente es en la cruz donde Jesús lleva al extremo
su misión en el mundo. En la cruz Jesús perdona, pide la gracia allí
donde ya no puede haber gracia. Perdonando Jesús ama a los hombres hasta
el límite. Al
mismo tiempo, abandonado de Dios, Jesús muere invocándolo, entregándose
a él en su misma muerte.
En la cruz Jesús vive hasta el final la muerte como separación.
Separado de los hombres, supera esta barrera por el perdón. Separado de
Dios, supera esta barrera por la invocación. En la cruz del Señor
descubrimos la presencia del perdón y de la invocación de Dios en lo más
profundo del pecado. Contemplando la cruz vemos que en el mismo pecado
hay ya perdón, que en el mismo olvido de Dios hay ya recuerdo. Este
perdón y este recuerdo pueden más que ningún pecado: Podemos hablar a
Dios como Padre porque Jesús, muriendo en la cruz ha dado el testimonio
mas radical y profundo de esta posibilidad.
Después de todo descubrimos que, realmente, Jesús es rey y su trono es
la cruz. Está coronado de espinas, pero es rey. Es abandonado por Dios,
pero entrega el Espíritu. La cruz es el broche definitivo del camino
salvador del Hijo de Dios entre los hombres. |
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LA CRUZ DE LA IGLESIA |
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Tu cruz adoramos,
Señor
y tu santa resurrección alabamos
y glorificamos.
Por el madero ha venido la alegría
al mundo entero
(Antífona del Viernes
Santo)
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En la celebración del Viernes Santo destaca el rito
de la Adoración de la Cruz que es presentada a la Iglesia y a la que todos
los presentes nos dirigimos para besarla. Debemos recordar ahora
que la cruz, antes de ser utilizada como símbolo y adornada, es en
primer lugar un instrumento de tortura (A los cristianos les desagradaba
tanto la cruz que la imagen de Jesús crucificado solo es
representada a partir del Siglo V).
Besar la cruz significa estar dispuesto a aceptarla. Aceptar la cruz del
Señor, su camino de entrega por los demás que le llevó a la muerte, y
aceptar la propia cruz el camino que cada uno de nosotros tenemos para
unirnos al que nos llama desde el Calvario. Este rito es el testimonio
de nuestro deseo de poner nuestra vida en manos de Dios, como Jesús,
para bien del mundo.
En la cruz, instrumento de muerte, nosotros reconocemos la vida; en la
cruz, patíbulo de condenados, nosotros vemos el trono triunfal de Cristo. Desde
el primer Viernes Santo la cruz es el instrumento de nuestra victoria, por eso la
adoramos. |
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ESQUEMA DE LA CELEBRACIÓN |
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PARA LA REFLEXIÓN Y PUESTA EN
COMÚN |
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De todo lo que se trata en esta
celebración ¿Qué es lo que más te impacta? ¿Por qué?
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¿Hay alguna idea que te resulte
nueva o extraña?
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¿Cómo podrías explicar a los
demás, basándote en lo leído y en tu propia experiencia, lo que
los cristianos celebramos en la Celebración de la Pasión del
Señor?
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EL ESCOLIASTA
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